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TE COMPARTO MI ESPACIO, MIS LIBROS, MIS FRASES, UN POCO DE MI MUNDO... "Una bitácora para todas las estrellas" - DMDG

domingo, 13 de noviembre de 2016

"MONÓLOGO DE UNA MUJER MODERNA" - ADELA MICHA


¿QUE OPINAN? :*

Son las 6.00 a.m., el despertador no para de sonar y no tengo fuerzas ni para tirarlo contra la pared, estoy acabada, quiero quedarme en casa, cocinando, escuchando música, cantando, etc.; si tuviera un perro, lo pasearía por los alrededores. Todo, menos salir de casa, meter primera y tener que poner el cerebro a funcionar.

Me gustaría saber quien fue la bruja imbécil, la matriz de las feministas, que tuvo la grandiosa idea de reivindicar los derechos de la mujer, y por qué hizo eso con nosotras, que nacimos después de ella. Estaba todo tan bien en el tiempo de nuestras abuelas: ellas se pasaban todo el día bordando, intercambiando recetas con sus amigas, decorando la casa. La vida era un gran curso de artesanos, medicina alternativa y cocina. Y después se puso mejor, teníamos servidumbre, llegó el teléfono, las telenovelas, la píldora, la tarjeta de crédito, ahora el Internet. ¡Cuántas horas de paz!

Hasta que vino una pendejita, a la que por lo visto no le gustaba el corpiño, ni dedicarse al hogar, vino a contaminar a varias otras rebeldes inconsecuentes con ideas raras sobre ‘vamos a conquistar nuestro espacio’. ¡Qué espacio ni qué la chingada! ¡Si ya teníamos la casa entera! ¡Todo el barrio era nuestro, el mundo a nuestros pies! Teníamos el dominio completo sobre los hombres; ellos dependían de nosotras para comer, vestirse y ahora, ¿dónde carajos están, dónde? Acabamos muertas, ni hacer el amor queremos, nos duele la cabeza, argumentamos mil tarugadas por cansancio. Nuestro espacio, ahora ellos están confundidos, no saben qué papel desempeñan en la sociedad, huyen de nosotras, como el diablo de la cruz, les damos miedo, tanta pinche independencia acabo por hacerlos huir, ¡pues claro! Ese chistecito, acabó llenándonos de deberes y lo peor de todo, acabó lanzándonos dentro del calabozo de la soltería crónica aguda. Antiguamente los casamientos duraban para siempre y ahora si te divorcias hasta hay que mantenerlos a los ¡@#%&&&”#! ¿Por qué, díganme por qué, la liberación femenina? Que sólo necesitaba ser frágil y dejarse guiar por la vida, comenzó a competir con los machos.

Miren el tamaño del bíceps de ellos y miren el tamaño del nuestro. Estaba muy claro, cada quien en su sitio desde Adán y Eva, liberación femenina, esto no iba a terminar bien, ¡claro que no!

No aguanto más ser obligada al ritual diario de estar flaca como una escoba, pero con bubis y trasero durito y bien parado, para lo cual tengo que matarme en el gimnasio, además de morirme de hambre, ponerme hidratantes, antiarrugas, padecer complejo de radiador viejo tomando agua a todas horas, y demás armas para no caer vencida por la vejez, maquillarme impecablemente cada mañana desde la frente al escote, tener el pelo impecable y no atrasarme con las mechas, que las canas son peor que la lepra; elegir bien la ropa, los zapatos y los accesorios, no sea que no esté presentable para esa reunión de trabajo, tener que resolver la mitad de las cosas por el celular, instalarme todo el día frente al PC trabajando como una esclava (moderna, claro está), con un teléfono en el oído y resolviendo problemas uno detrás de otro, que además ¡ni son mis pinches problemas!

Todo para salir con los ojos rojos (por el monitor, claro, porque para llorar de amor, ni tiempo hay). ¡Y mira que teníamos todo resuelto!

Estamos pagando el precio por estar siempre en forma, sin estrías, depiladas, sonrientes, perfumadas, uñas perfectas, sin hablar del currículo impecable, lleno de diplomas, doctorados y especialidades.

Nos volvimos ‘súper mujeres’. Pero seguimos ganando menos que ellos y de todos modos nos dan órdenes estos ¡cabrones!

¿QUÉ PASA? ¡YA BASTA!
Quiero que alguien me abra la puerta para que pueda pasar, que corra la silla cuando me voy a sentar, que me mande flores, que me dé serenatas en la ventana. Si nosotras ya sabíamos que teníamos un cerebro y que lo podíamos usar, ¿para qué había que demostrárselo a ellos? A ver, ¿para qué?

Ay, Dios mío, son las 6:30 a.m. y tengo que levantarme, ¡que fría está esta solitaria y grandísima cama!, ¡carajos!, quiero que un maridito llegue del trabajo, que se siente en el sofá, que disfrutemos de una cena juntos, que me haga el amor muy rico, que me haga sentir mujer, porque descubrí́ que es mucho mejor servirle una cena casera que atragantarme con un sándwich y una Coca-Cola light mientras termino el trabajo que me traje a casa, para variar.
No, mis queridas colegas, inteligentes, realizadas, liberadas y abandonadas. Estoy hablando muy seriamente, renuncio a mi puesto de mujer moderna.

¿ALGUIEN MÁS SE SUMA?